TAILANDIA

Tailandia es un País que te recibe con un regalo, visado gratuito de 30 días para turistas que entren por aire, 15 para aquellos que lo hagan por tierra.  En nuestro caso estuvimos 29, hasta que entramos a Laos por el norte, por lo que teníamos por delante un país que conocer y mucho arroz que comer.

Población de mayoría budista, de la que los primeros días nos sentimos beneficiados, ya que utilizamos los templos como albergues, y simplemente preguntando en ellos por un sitio para dormir, te invitan a hacerlo dentro, y en algunos casos a cenar. Tienen casi por obligación acoger al viajero, y solo en una ocasión, durante toda la estancia en el país, se nos negó pasar la noche.

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Pero volvamos al principio…

El viaje empezó en el Aeropuerto de Bangkok, montando las bicis, y recorriendo una autovía de seis carriles de ida y seis de vuelta, para así llegar a la casa de un WARMSHOWER (red social que ofrece alojamiento gratuito a ciclistas). Con la sorpresa de que se trataba de un albergue destinados a ciclistas que normalmente pagarían por ello, pero no fue nuestro caso. Empezaba bien el viaje.

Empezamos a subir hacia el norte, aunque la primera prueba era salir de la capital, lo cual no era fácil, ya que no fue hasta pasados cuatro días cuando empezamos a ver algo de naturaleza.

Los templos de Ayutthaya, de más de 500 años y patrimonio de la humanidad, no nos dejarían indiferentes, aunque el ambiente no era el mejor, ya que había de todo menos Tailandeses.

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Sedientos de aventuras, nos adentramos en el Parque Nacional de Khao Laem, repleto de cascadas y jungla allá donde mires. Y sí, esto era lo que estábamos buscando, y fue así como seguimos pedaleando, sin saber donde estábamos pero si sabiendo lo que comeríamos, arroz.

Llevábamos una cocina de gasolina y a veces la utilizábamos para preparar la cena, aunque era tan barato comer por ahí y nos invitaban tantas veces que casi no le dábamos uso. Por 40 Bath (1, 015 €) comes, un plato de arroz con verduras, carne y algo para beber.

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Una vez dentro de la provincia de Tak, la cual sería nuestra favorita por la gente que conocimos y por los paisajes, Hugo decide que comprará una nueva tienda de campaña en Chiang Mai, ya que la suya es de 4 estaciones y… Está tendría que enviarla por correo a Bangkok, y volveríamos 3 meses más tarde a la ciudad.

Después de una borrachera con el grupo de Bomberos de Doi Inthanon, que nos invitaron a dormir, rumbo a toda velocidad a la Ciudad de Chiang Mai. «Cambiemos la tienda y salgamos pitando del turismo que te sacan Baths por mirar». Este día fue duro psicológicamente, ya que con resaca tuvimos que pedalear mas de 100 kms, comprar la tienda, mandar la otra y salir de Chiang Mai. Sin embargo fue una de las primeras lecciones del viaje. A largas horas de la noche paramos en un poblado a preguntar, llamamos a una casa, abrió un hombre y sin dudarlo nos acogió. Cuando nos dimos cuenta tenia una ducha preparada para nosotros y todo el terreno de su casa limpio para poner las tiendas. «¿Abrirías tu casa a dos desconocidos, que llaman a la noche a tu puerta?». Tenemos mucho que aprender.

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Después de casi un mes nos merecemos unas «vacaciones», y elegimos las cascadas de Duanlig, recomendadas por un local. No había casi nadie, teníamos enchufe, y estaba permitido acampar. Estas cascadas son de residuo cálcico que no recuerdan a Guara o algunas zonas de España, solo que envueltas de selva.

Rumbo a Huay Xai (Frontera del Norte de Laos), con la casualidad de que en el pueblo donde tenemos pensado pasar la noche antes de cruzar al país vecino, se celebraban las fiestas, y como no, al día siguiente a pedalear con resaca para dejar atrás Tailandia. No sería un adiós, sino un hasta luego. De quien si tuvimos que despedirnos fue de la familia que nos acogió en nuestra ultima noche.asta pronto Tailandia

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